El Gaucho

Un ícono legendario de la cultura Pampeana, el gaucho aún existe en los campos de Uruguay, Brasil y Argentina.

El gaucho Antonio Pinto en
el sur de Brasil en los 50.

El extremo sur de América del Sur, más precisamente Uruguay, Argentina y Río Grande do Sul, el estado más austral de Brasil, comparten culturas y tradiciones similares. La región es conocida por ser el hábitat del gaucho, un personaje casi folclórico de las pampas, planicies del sur del continente. Entre las tradiciones del gaucho, la cocción de la carne se encuentra entre las más importantes y populares. Este tipo de comida es conocido como el churrasco en portugués, o el asado en español.

Joaquim Pedro Salgado y Gaspar Silveira
Martins fueron importantes políticos de estado
de Río Grande do Sul.

El gaucho fue descripto por Félix de Azara como "un contrabandista colonial cuya ocupación era el comercio de contrabando de ganado", y continúa diciendo que "su trabajo era altamente ilegal; su carácter lamentablemente recriminable" y "su estatus social extremadamente bajo". Después de muchos años, los gauchos crecieron en número y "crecieron hasta tener el poder de generar miedo, pero también admiración". Según el historiador Dr. José Fachel, el gaucho fue visto como una persona peligrosa y fue temido por muchos. El no tenía casa y deambulaba de rancho en rancho trabajando a cambio de la comida y un techo para dormir. La etnia del gaucho es muy mesclada. De acuerdo con Fachel, el gaucho es predominantemente aborigen sudamericano, mayormente de las tribus Guarani, Minuano, Charrua y Xavante, mezcla con esclavos africanos e inmigrantes europeos de España y Portugal.

En el siglo XVII, Jesuitas europeos llegaron a Sudamérica a catolizar los aborígenes nativos. Se establecieron en la región que hoy comprende Paraguay, norte de Argentina, sur de Brasil y Uruguay, donde llevaron a cabo las misiones, también conocidas como las reducciones. Las misiones fueron relativamente satisfactorias y las más grandes llegaron a albergar algunos miles de aborígenes. Los Jesuitas enseñaron a los nativos a cultivar la tierra, e importaron ganado de Europa para ayudar en la labor, tirando carros y arando campos. Auguste de Saint-Hilaire, un aventurero europeo que recorrió las pampas durante el siglo XIX, reporta en su diario haber conocido una mujer que vivió con los jesuitas, y en el cual hablaba muy afectuosamente sobre ellos. "Entre los aborígenes, yo vi solo una mujer vivir con los Jesuitas, y ella pronunciaba sus nombres con profundo respeto. Muchos Guaraníes escuchan a sus padres o abuelos hablar de los Jesuitas diciendo que cuando ellos controlaban la región, eran tiempos de felicidad".

Después del tratado de Madrid en 1750, firmado por los reinados de España y Portugal, los misioneros de Río Grande do Sul se negaron a abandonar la región y moverse al sur del Río Uruguay. El tratado asentó los límites entre las tierras de los dos reinados y los misioneros tuvieron que quedarse en tierras españolas. Se desató una revuelta de los aborígenes, conocida como la guerra Guarantica, que solo finalizó después que los portugueses destruyeran las misiones en 1756. Después de la guerra, muchos aborígenes quedaron sin hogar, y el ganado quedo libre pastando en los campos. Estos aborígenes sin casa se convirtieron en los primeros gauchos y después de 150 años, el ganado cimarrón se esparció por toda la pampa, convirtiéndose en una importante fuente de alimentos para los gauchos vagabundos.